Altres fragments d'entrevista: Paco Villar

El nom de Barri Xino

Un periodista, Paco Madrid, lo bautizó con el nombre de Barrio Chino. Hizo un par de reportajes en un semanario de aquella época que se llamaba “El Escándalo”, y se le ocurrió bautizar toda esta zona, que ya tenía históricamente digamos una leyenda de barrio fuera de la ley, con el nombre de Barrio Chino, aunque no sabemos los motivos. Unos dicen que porque vio tres o cuatro chinos que vivían allí que vendían bisutería, otros dicen que se basó en un libro que había escrito un escritor que se llamaba Miguel Toledano que había hecho un viaje por Estados Unidos y hablando del barrio de San Francisco, del barrio chino de San Francisco, encontró unas similitudes y lo comparó. La verdad no la podremos saber. El apelativo triunfó.

Llocs flamencs al Barri Xino

En el Barrio Chino había cantidad de academias donde se enseñaba sobretodo cante flamenco. Además, para que te hagas una idea, todo lo que viene del arte flamenco, la fiesta taurina y todo esto, estaba muy arraigado aquí desde el siglo xviii.

Estas tabernas, Villa Rosa, Casa Juanito el Dorado, que eran las más famosas, eran de un mallorquín que decían que tenía la esencia del flamenco en el cuerpo y era mallorquín, y tuvo una fama muy grande hasta el punto que su casa funcionaba como una agencia. Cuando cantaores, cuadros flamencos, todo esto, buscaban trabajo, si no era posible actuar en Casa Juanito el Dorado, allí les proporcionaban trabajo en pueblos del extrarradio o en otros tablaos flamencos que había esparcidos por la ciudad.

Estaba, por ejemplo, el bar del Manquet, que fue uno de los más famosos también, que estaba en la calle Puerta de Santa Madrona número 22. El bar del Manquet tiene una historia también muy particular. Le llamaban el Manquet porque era manco del brazo derecho, no sabemos por qué, y era un palanganero, trabajaba en un burdel de palanganero, los que iban con la palangana, el servicio en las habitaciones, etc. Se llegó a casar con la dueña del burdel y montaron, dos números más abajo o dos números más arriba, el famoso bar del Manquet. El periodista Sebastià Gasch calificaba los cuadros que allí actuaban como el verdadero y auténtico cante flamenco.

El Villa Rosa

El más famoso de todos los establecimientos flamencos que hubo en el barrio Chino fue el Villa Rosa, que era un antiguo café de camareras que estaba enclavado en la calle Teatre número 3. Era una calle estrecha. Por las mañanas en esta calle había un mercado ambulante, como un zoco marroquí. Todas las mañanas hasta las 5 o las 6 de la tarde habían puestos ambulantes de venta de pescado, de verduras, de zapatos, de lo que tú quieras encontrar. En cambio, luego esta atmósfera cambiaba radicalmente por la noche. Entonces Villa Rosa, que estaba en el número 3, tenía como compañeros o convivía con otros establecimientos muy famosos del barrio Chino: Madame Petit, que era un burdel, que estaba en el Arc del Teatre número 6, La Sevillana, que estaba en el número 13, y una “clínica de gomas” y una “clínica de lavajes”, que se llamaba en aquella época, que estaba en el número 3. De esta manera te puedes hacer un poco la idea de cual era el ambiente que se respiraba por las calles del barrio Chino.

Villa Rosa tuvo tanto éxito porque logró captar la gente bien de Barcelona y se convirtió en una ruta turística de primer orden. Cuando se hablaba del Villa Rosa se hablaba de la catedral de cante flamenco. Su fundador se llamaba Miguel Borrull, vino en 1915 a Barcelona y lo abrió, pero primero fue un bar de camareras que estaba asiduamente lleno de gitanos y lo convirtió en un café concierto flamenco. Pero parece ser que esto no tuvo mucho éxito y entonces lo convirtió en un colmado en el cual había una sala, una sala con mesas de junco, en donde la fiesta flamenca se hacía ahí. El cuadro flamenco siempre empezaba por las mesas. Allí se repartían todo tipo de tapa: boquerones, jamón serrano, manzanilla, tío Pepe. La historia era beber, beber y beber. Con el público de otras partes de la ciudad se hizo muy famoso el local. Empezaron a haber gente, toda la gente de moda, niños bien, políticos, incluso llegó aquí el director de la compañía de bailes rusos, Diaghilev estuvo aquí. Se convirtió en una ruta turística. Cuando venía alguien, algún turista a Barcelona, casi siempre se le llevaba a Villa Rosa.